17:23
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Hoy fui de voluntaria a una colecta de la fundación regazo para ayudar a niñas golpeadas. Estuve en el metro los Leones unas dos horas pidiendo cooperaciones.
En cuanto veía a un tipo de terno, pensaba "este sí que debe tener plata, seguro que dona algo"... pero NINGUNA persona vestida de terno aportó un mísero peso.
Algunos respondían con ironía: "las colectas están permitidas solamente hasta las doce del día. Están rompiendo la ley" Por más que trato, no logro empatizar con estos sujetos: ¿por qué consideran que una tonta ley es más importante que la causa de ayudar a las niñas maltratadas?
Otros, al verme, aceleraban el paso y trataban de evitar decir que "no". Literalmente huían por no querer dar 100 pesos!
Algunos se llevaban instintivamente la mano a los bolsillos, sonaban las monedas y mentían diciendo "no teeengo, que pena".
La mayoría evitaba mirarme a los ojos. Simplemente pasaban de largo, y yo quedaba literalmente hablando sola.
Solo unos pocos me parecieron sinceros al decirme que no tenían monedas. Eran en su mayoría jóvenes que se les notaba que les hubiera gustado cooperar.
Algunas personas daban como con desgana, por cumplir con una obligación o por no quedar mal, no sé...
Las que sí aportaban con cariño eran señoras que vaciaban las pocas monedas que tenían en su monedero para darlas a la fundación.
También aportaban hartas personas entre los veinte y los treinta años. Ellos mandaban muy buena vibra e incluso me deseaban suerte.
Una señora, al verme, me dijo con mucho cariño: "¡yo fui una de las que inició la fundación regazo! Todo partió con que la madre superiora de mi colegio acogió a dos niñas maltratadas. En vacaciones, se fueron a vivir con mi familia, las tuvimos con nosotros dos años. Ahí a la madre se le ocurrió la idea." A mi me pareció que ella debía de sentirse muy realizada, puesto que empezó algo que tuvo trascendencia. Le di un abrazo y la felicité por su obra.
Lo que me queda por remarcar es que los que menos tienen aportan más y con más cariño que los que prácticamente sudan dinero. ¿Por qué?
12:47
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Todos los días los jóvenes estudian y los adultos van a trabajar. Días, semanas, meses y años repiten los mismos movimientos y actividades. Evidentemente, a nadie le gusta esta manera de vivir, sin embargo, la mayoría de las personas viven toda su vida así. ¿Cuál es la causa de este extraño comportamiento? ¿Por qué nadie hace lo que realmente quiere hacer? ¿Quién o qué los obliga a repetir todos los días la misma rutina? ¿Para qué esta inmovilidad vitalicia voluntariamente aceptada?
Se ha dicho que hay que estudiar para entrar a la universidad, que hay que entrar a la universidad para poder tener un trabajo bien remunerado, que hay que tener un trabajo bien remunerado para poder vivir bien…
Vivir bien. ¿Viven las personas realmente? Y si viven… ¿cuándo viven? Estudiar para trabajar, trabajar para… ¿vivir? Al planificar el futuro de esta manera, de alguna manera se está dejando el presente de lado… Y el presente es lo único que realmente tenernos.
Desde pequeños nos contaron el cuento de la hormiga y la cigarra. La hormiga que trabajaba todo el verano en invierno tenía suficiente comida para sobrevivir, mientras que la cigarra, que disfrutaba los rayos del sol cantando, moría de hambre por no haber planificado su vida.
Si observamos a las personas con detención, nos podemos dar cuenta de que casi todas tienen terror a correr la misma suerte que la cigarra. Por este motivo, nos dicen desde pequeños que, como la hormiga, debemos ser previsores y sacrificar el “canto” presente por el “alimento” futuro.
Todos los días, somos obligados por nuestro entorno social a planificar nuestra vida, a convertirnos en hombres-hormiga. Desde cierta edad, ya no podemos dedicarnos a vivirla y disfrutarla: hay que pensar en el futuro. Si no planificamos nuestras vidas, no tendremos futuro, nos dicen nuestros padres y educadores. Si no sabemos qué vamos a hacer con nuestras vidas, debemos decidirlo pronto para empezar a dar los pasos necesarios para lograr el futuro que soñamos.
Por este motivo, nos dicen, Esa es la mágica fórmula de la sociedad convencional: si se planifica la vida, se será exitoso y feliz en tanto que de lo contrario, seremos considerados unos infelices fracasados. Entonces, planificamos y postergamos lo que realmente queremos hacer por la felicidad y el éxito futuro.
Tenemos un terror heredado al futuro incierto. Pero todo futuro es incierto, ya que por más que planifiquemos, nunca se pueden controlar todas las variables. Así, vamos deshojando nuestra vida poco a poco, nuestra juventud se marchita, aparecen arrugas y canas… y aún así, se vive en pos de tener asegurado el futuro.
Otro motivo por el cual los hombres se justifican a sí mismos la postergación de lo que realmente quieren es la creencia en la vida más allá de la muerte. A esta clase de hombres les asusta tanto no tener el control de sí mismos que se enclaustran: los puritanos se niegan a ver la luz del sol, puesto que podría quemarlos… Para justificar esta forma de cobardía, dicen que son hombres más virtuosos y puros que el resto. La realidad es son hombres-hormiga con la cabeza enterrada en la tierra.
La creencia en una vida tras la muerte no debería impedir disfrutar de la vida, pues disfrutar la vida no significa ser promiscuos y holgazanes. Vivir la vida es ser consecuente con la propia esencia, “cantar la canción” hasta el final: hacer lo que sentimos que es la manifestación de nuestra esencia. Es así como la religión se transforma en una excusa, ya que es absurdo que la vida sea contraria al ente que la creó. Dios no podría desear la infelicidad de los hombres…
Esto nos conduce una interrogación final: ¿quién es más feliz: el previsor o el que vive el presente? Volviendo a la fábula de la cigarra y la hormiga, podríamos cambiar la perspectiva y pensar que si bien la vida de la cigarra fue breve, fue feliz con su canto, en tanto que la hormiga fue incapaz de “cantar” durante su larga y, seguramente, aburrida vida.
Es más feliz el hombre que muere joven viviendo algo que desea y elige que el hombre que muere anciano sin jamás haber hecho nada de lo que quería: el hombre-hormiga va muriendo poco a poco hasta un punto en que ni siquiera se cuestiona por qué actúa como lo hace. Termina casi siempre convertido en una máquina, que ríe cuando debe reir, llora cuando debe llorar y ama por costumbre. El hombre-cigarra, en cambio, muere de golpe, pero muere feliz, pues hizo lo que quiso y no tiene nada pendiente, nada que pudo haber hecho en aquel futuro incierto que no hizo.
En conclusión, si el hombre viviera de acuerdo a lo que su esencia le dicta, sería evidentemente más feliz, pero lo frena el miedo infundido por la sociedad –la cual, para su existencia, necesita de hombres-hormigas que trabajen todos los días sin cuestionarse demasiado– ante el futuro incierto y el miedo infundido por la malinterpretación de la religión de ser pecadores.
Para que la humanidad pueda ser feliz, será necesario reemplazar el modo de ver la vida que al sistema la conviene por un modo más abierto y tolerante, en el que no se aísle al que decide hacer de su vida un experimento extravagante, en el que ser cigarras sea una opción tan válida como la de ser hormiga. El mundo necesita de ambas y la esencia de cada hombre alberga una de estas opciones de vida. Así el hombre tendrá verdadera libertad de elegir si prefiere tener una vida sin sobresaltos y bien planificada o una vida alocada y riesgosa.
10:06
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Al llegar, escoltada a lo lejos por mis preocupados padres, vi feliz a unos cuantos payasos militares reunidos. Prometiéndo que tendría cuidado, me acerqué alegre hacia ellos y dejé que una payasita simpática me pintara la cara.
Contenta, me puse a hablar con las personas que tenía más cerca y sentí que el ambiente era muy lindo. Un rato después aparecieron mis amigas de CPE, a las que saludé con mucho cariño.
Cantando bajo el sol y atendiendo a las órdenes de un simpático y agraciado payaso aaaalto y rubio, empezamos a prepararnos para la actividad. Yo estaba muy contenta, porque sentía que estaba en el lugar correcto, donde mi corazón me pedía estar.
Aunque al comienzo no pudimos marchar todos juntos, fue muy lindo de todas formas caminar con otros payasitos por la calle gritando "paz, amor, revolución" y viendo las caras atónitas de lo transeuntes.
Cuando nuestros "amigos" carabineros hicieron una barrera humana, mi madre se acercó muy asustada y me pidió que nos fuéramos, que no nos iban a dejar pasar, que nos iban a pegar. Yo sentí que estaba donde debía estar, así que le pedí que le diera una oportunidad al asunto. Alguien gritó entonces "¡Abrazo!" y hubo un masivo abrazo ante lo cual carabineros reaccionó con sorpresa y la barrera se rompió.
Luego, en el ejercicio de conexión interna con un desconocido, me tocó un agradable rasta y realmente hubo algo especial en el ambiente, sobre todo cuando gritamos nuestros deseos al Universo: ¡Paz! ¡Amor! ¡Alegría!
Ya cuando nos amenazaron con tirarnos agua, nos sentamos, hicimos la fila, se llevaron detenidos y tiraron agua, yo me sentía segura, decidida y sin miedo. Pasara lo que pasara, me mojaran, me detuvieran... estaba haciendo al fin lo que en mi corazón siento que debo hacer, estaba al fin pasando a la acción y dejando de teorizar, manifestando mis pensamientos, gritando, saltando, riendo... No tenía miedo del guanaco, ni de los carabineros, ni de nada.
Así estaba yo, cuando mi madre se acerca con cara de miedo y me pide por favor que nos vayamos, que no quiere que me lleven detenida, que le da miedo que me peguen y quede inválida, que le da miedo que me pequen y quede tonta, que le da miedo que me muera, que me pase algo. Ella también fue a manifestaciones en la dictadura y varios amigos suyos sufren las consecuencias de los abusos de carabineros, me explicó en el auto, después. Yo traté de convencerla de que estoy en el lugar correcto, que todo está bien para mí... pero no comprende y me ordena irnos, me obliga.
Me da vergüenza decir que me fui y no puse el pecho ante la represión. Me da vergüenza no haberme quedado con ese valiente grupo de payasos luchando por el derecho a manifestarme. Me da vergüenza haber tranzado y haber obedecido. Y es que después de tantos años de obediencia me cuesta no hacerlo.
Pero yo quería quedarme y no huir como una cobarde. Quería atenerme a las concecuencias de mis actos. Quería quedarme hasta el final.
P.S: alguien cuénteme, por favor, qué pasó luego de que yo me fui... terminaron la contraparada? se dispersaron?
10:04
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El posmodernismo, la época histórica que vivimos hoy, se caracteruza porque la gente de hoy es indiferente a todo lo que tenga que ver con organizarse para lograr un cambio social y que en general, lo único que importa es el individualismo.
Y en general me parece que es así, porque lo veo todos los días en mi colegio, en las calles... todos parecen aceptar lo impuesto sin sorprenderse ni protestar.
Por eso creo que tal vez nací en la época equivocada. Me hubiera gustado poder gritar con el puño alzado consignas que ahroa con clichés, pero que antes la gente tomaba en serio. Me hubiera gustado que el clima social fuera de cambio, de expectación, de esperanza, de sueños y de anhelos... y sobre todo, me hubiera gustado que la gente creyera aún en las grandes utopías, sea socialismo, anarquismo, comunismo... O la simpleza y conexión con la naturaleza de las comunidades hippies de los 60.
Aparte de honrosas excepciones que he conocido en la "blogósfera", todos parecieran seguir una suerte de inercia social de indiferencia.
Aunque... tal vez no nací en la época equivocada. Tal vez mi desafío -y el de las "honrosas excepciones" sea justamente propiciar el cambio de mentalidad en las personas...
Hubiera sido más fácil para mí vivir en la época de las grandes utopías y luchas sociales... pero tal vez cambiar la mentalidad de hoy sea más trascendente...
O tal vez soy demasiado soberbia pretendiendo tener una misión y deseando cambiar la mentalidad de los otros...
No sé.
19:34
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¿Habéis confundido la necesidad con el amor?
El caballero no estaba de un ánimo muy receptivo y no tenía ganas de oír su filosofía. Por un momento consideró la posibilidad de internarse en la oscuridad del castillo e intentar atravesarlo. La negrura, sin embargo, era bastante intimidatoria y, sin su espada, se sentía temeroso. Le pareció que la única alternativa que le quedaba era intentar descifrar el significado de la inscripción. Suspiró y se sentó ante ella. La leyó otra vez;”Habéis confundido la necesidad con el amor?”
El caballero sabía que amaba a Julieta y a Cristóbal, aunque tenía que admitir que había amado más a Julieta antes de que le diera por ponerse bajo los toneles de vino y vaciar su contenido en su boca.
Sam dijo:
- Sí, amabais a Julieta y a Cristóbal, pero, ¿no los necesitabais también?
- Supongo que si - admitió el caballero.
Había necesitado toda la belleza que Julieta le añadía a su vida con su inteligencia y su encantadora poesía. También había necesitado las cosas agradables que ella solía hacer, como invitar amigos para que lo animaran, después de que se quedara atrapado en su armadura.
Se acordó de las épocas en las que el asunto de la caballería había estado bajo mínimos y no se podían permitir comprar ropa nueva o contratar sirvientes. Julieta había confeccionado hermosos vestidos para la familia y había preparado deliciosos platos para el caballero y sus amigos. El caballero reconoció que Julieta había mantenido siempre el castillo muy limpio. Y él le había dado muchos castillos para limpiar. A menudo habían tenido que mudarse a un castillo más barato cuando él había regresado de las cruzadas sin un chavo. Había dejado que Julieta hiciera casi todas las mudanzas ella sola, pues él solía estar siempre en algún torneo. Recordó su aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de un castillo a otro, y cómo se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo a causa de la armadura.
- ¿No fue entonces cuando Julieta comenzó a ponerse bajo los toneles de vino? - preguntó Sam suavemente.
El caballero asintió, y las lágrimas brotaron de sus ojos. Después, se le ocurrió algo espantoso: no había querido culparse de las cosas que hacía. Había preferido culpar a Julieta por todo el vino que bebía. De hecho, le venía bien que ella bebiera, así podía decir que todo era por su culpa, incluyendo el hecho de que él estuviera atrapado en la armadura.
A medida que el caballero se iba dando cuenta de lo injusto que había sido con Julieta, las lágrimas iban cayendo por sus mejillas. Si, la había necesitado más de lo que la había amado. Deseó haberla necesitado menos y amado más, pero no había sabido como hacerlo.
Mientras continuaba llorando, le vino a la cabeza que también había necesitado a Cristóbal más de lo que le había amado. Un caballero necesitaba un hijo para que partiera a las batallas y luchara en nombre de su padre cuando éste se hiciera mayor. Esto no quería decir que el caballero no amara a Cristóbal, pues amaba la belleza de su hijo. También disfrutaba oyéndole decir: “Te quiero papá!, pero, así como había amado estas cosas de Cristóbal, también respondían a una necesidad suya.
Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: ¡Había necesitado el amor de Julieta y Cristóbal porque no se amaba a sí mismo! De hecho, había necesitado el amor de todas las damiselas que había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas porque no se amaba a sí mismo.
El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.
Al admitir esto, una hermosa y resplandeciente luz brilló a su alrededor, ahí donde antes había habido oscuridad. Una mano se posó suavemente sobre su hombro. Miró a través de sus lágrimas y vio a Merlín que le sonreía. EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA, ROBERT FISHER.
¿Cómo saber si no nos sucede esto a nosotros? ¿Cómo distinguir el amor de la necesidad? ¿Cómo llegar a amar de manera conciente al resto del mundo? Hoy ando existencial.
14:28
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Hoy es el año nuevo de los mapuche.
Tal vez sea una oportunidad para iniciar algo nuevo, para empezar a vivir de acuerdo a las leyes universales.
Pero no es tan fácil cambiar las costumbres y empezar a ver todo con nuevos ojos así como así.
Aunque tal vez sólo requiere la voluntad de trabajar con amor en lo que sea que debemos hacer y se constante con esa decisión.
Quizás es solo asunto de mirar nuestro entorno y encontrarlo bello, para variar.
Quizás baste ver lo afortunados que somos de estar vivos y poder oler las flores, comer chocolates, oír música, mirar un cuadro y sentir las frazadas sobre el cuerpo antes de dormir. ¿Podría bastarme sólo eso para vivir feliz?
Quizás no es necesario esperar que sea año nuevo para empezar a actuar diferente.
Tal vez hoy sí puedo cambiar algo en mí.